Cuestionar lo incuestionable

Watercolor paper texture

 

Hay un video de Aldous Huxley que cada vez que me lo cruzo por internet vuelvo a ver. Este escritor y pensador, conocido por ser autor del libro “Un mundo feliz” afirma con voz pausada y tranquila algo inquietante, que impresiona y pone los pelos de punta. No solo por la magnitud de su contenido, sino por el momento en que lo dijo.

Es una entrevista que le hacen en 1958 donde casi como un clarividente suelta de golpe su visión del mundo que vendrá: “Las dictaduras del futuro no se parecerán a las actuales. No será necesario el terror ni la violencia física para dominar a las mayorías. En las dictaduras del futuro se logrará el consentimiento de los dominados, en parte a través de drogas y en parte por medio de estas nuevas técnicas de publicidad. Lo harán evitando el lado racional de las personas, apelando a su subconsciente, sus emociones más profundas y su fisiología. De ese modo, incluso les harán amar su propia esclavitud”  

Manipulaciones constantes del Dios Mercado, directivas subliminales del Dios Estado, marketing que adoctrina a cada paso, informativos que desinforman, somníferos en kioscos para no pensar, educación masiva para la obediencia, institucionalización de la violencia, verdades hechas a medida… Conscientes o no, despiertas o dormidos, con pastilla roja o azul, ese es el mundo que nos toca vivir hoy, el que Huxley con maestría imaginó y anunció hace sesenta años.

Quizá uno de los mayores desafíos que tengamos como individuos en este siglo XXI sea el poder percibir en nosotras y nosotros mismos los hilos de la marioneta.

 

  ” Ver lo invisible, desnaturalizar lo naturalizado, y cuestionar lo incuestionable “

 

♥          ♥          ♥

 

Caminando un poco hacia atrás en el tiempo (solo unos segundos en la extensísima historia del planeta), en el siglo XVI nadie en sus cabales hubiera puesto en duda la idea de que nuestro mundo era el centro del universo y de que todo lo existente giraba en torno a él.

Ese paradigma, claro, era algo muy difícil de cuestionar en ese entonces. Se trataba de una creencia que constituía el punto de partida del pensamiento de la época. Pero sin embargo, hubo quienes se atrevieron a hacerlo.

Primero se animó Nicolás Copérnico, quien tras treinta años de investigación, concluyó que la cosas no eran así, que estaban todos equivocados. Este hombre se enfrentó al mundo entero al decir que la Tierra no es el centro de nada, que “el sol no gira en torno nuestro, sino al revés”. A los pocos días de publicado su libro, Copérnico falleció y su teoría fue considerada una insensatez, un absurdo, y una herejía.

Luego fue el astrónomo Galileo Galilei, cuando tras construir su propio telescopio y a fuerza de observar a cada rato el cielo agregó que no solo estaba muy de acuerdo con Nicolás en que nuestro planeta no constituye en absoluto el eje del universo, sino que además “somos una partecita mínima, ínfima y periférica”.

La determinación y osadía de estas personas constituyeron un enorme temblor en el sistema de creencias que cimentaba la vida humana.

Si la Tierra no era algo “especial” dentro de la “gran creación”, sino una esfera cualquiera en la sinfonía de un inmenso y desconocido espacio, ¿qué papel jugaba Dios en todo esto?

El caminar contra la corriente les valió a estos estudiosos hombres una gran soledad, la persecución, violentos ataques y la condena más feroz de la Inquisición Católica, que veía afectada su credibilidad ante semejantes afirmaciones.

 

♥          ♥          ♥

 

Cuando pienso en el incipiente pero creciente Movimiento por los Derechos de los Demás Animales, no puedo dejar de relacionarlo con Copérnico y Galileo. Me gusta creer que de alguna forma, esa minoría que constituimos quienes hoy planteamos la empatía, el respeto y la igualdad por fuera de nuestra especie estamos siendo otra piedra más en el zapato de una verdad instituida pero falsa, aunque tan mayoritaria que resulta abrumadora.

La historia de los movimientos que luchaban (y siguen luchando) por sus derechos es amplia y tan reciente que aún podemos escuchar los gritos reivindicando su propia libertad: Los trabajadores, las personas de color, las mujeres, quienes exigen respeto por la libertad sexual…

 Siguiendo este hilo temporal planetario, el Veganismo como movimiento es un espacio embrionario, que aparece en el último segundo, tiene solo un instante de vida, pero también una fuerza tan renovadora y vital que arrolla.

Cuenta con una poderosa idea que lo nutre, el Antiespecismo, que implica el entender que “el mundo no es de los humanos”, y por lo tanto considerar a los demás seres sintientes que habitan en él como individuos, dignos de ser respetados como iguales.

Esta energía que está diseminándose por todo el globo a gran velocidad implica no solo el caminar decididamente contra el pensamiento instituido, sino además el aspirar a una revolución de consciencia mundial.

Y esto es así dado que se trata por primera vez de un grupo humano pidiendo por los derechos de otro colectivo (los demás animales), no de sí mismo. Y lo conmovedor de esta batalla es que, quienes luchan diariamente por la abolición de la esclavitud no humana prácticamente no conocen a las víctimas y rara vez pueden verlas a los ojos, dado que en el caso de la agricultura animal se trata de individuos que viven encerrados y confinados en áreas de explotación.

Suelo pensar que quienes abrazamos este sueño seguimos el legado de Copérnico y Galileo, ya que nos negamos a aceptar lo que nos pretenden imponer, y peleamos a diario por la descolonización del imaginario presente, por rechazar “la norma”, aún estando todavía en franca minoría.

 

El pasado nos alienta por lo bajo, nos da esperanzas

 

Si la humanidad terminó haciéndose a la idea de que nuestro planeta es sólo uno más en el inabarcable universo, en algún momento deberemos aceptar también que el ser humano es sólo una especie, entre millones que convivimos en esta casa que llamamos Mundo.

Ante la frecuente acusación que recibimos de “¡idealistas!” los constructores de la Liberación Animal debemos recordar la gran lección de estos hermosos rebeldes del pasado: la locura es, en todo caso, una cuestión de estadística.

Cuando los locos seamos “la mayoría”, volveremos a ser cuerdos.

Mientras tanto, estimadas brujas y queridos chiflados, la Gran Utopía está en marcha, y no para de crecer.

 

Texto: Damián Caputo

Ilustración: Airam


Una respuesta a “Cuestionar lo incuestionable

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s